Lecciones clave de una conversación global sobre la reutilización y los sistemas de depósito y retorno
Por Martín Valese
El 3 de diciembre, la Global DRS Platform organizó un seminario web sobre reutilización y envases retornables, reuniendo voces de distintos países y sectores. Escuchamos a profesionales que trabajan en sistemas de reutilización e innovación de producto, a expertos en influencia política, a iniciativas lideradas por la comunidad en contextos rurales y turísticos, y a perfiles con visión sistémica centrados en escalar la reutilización en grandes ciudades.
Lo que hizo especialmente valiosa la conversación no fue solo la diversidad de ejemplos, sino la convergencia en torno a aprendizajes compartidos. Pese a contextos muy diferentes, los mismos desafíos volvían a aparecer. La reutilización ya no es una ambición abstracta, sino una necesidad práctica si queremos reducir los residuos de envases, mantener los materiales en circulación y evitar fugas a la naturaleza. En regiones y experiencias diversas, surgieron preguntas sorprendentemente similares sobre diseño, incentivos, infraestructura y escala.
Principios clave de diseño para la reutilización
Más que una colección de proyectos aislados, el debate señaló de forma consistente un pequeño conjunto de principios estructurales que determinan si los sistemas de reutilización prosperan o fracasan.
La experiencia de usuario es fundamental. La reutilización triunfa o se derrumba en el momento en que se le pide a una persona que rellene o devuelva algo. Si esa experiencia resulta confusa, incómoda o poco fiable, la participación se desvanece rápidamente. La reutilización no puede basarse en la buena voluntad. Debe ser intuitiva, rápida y fiable en la vida cotidiana.
Los depósitos mantienen vivos los sistemas. Los envases solo permanecen en el circuito cuando tienen un valor claro. Los depósitos convierten ese valor en un incentivo visible y práctico, estabilizando las tasas de retorno y haciendo viable la logística inversa en el tiempo. Sin ellos, incluso los sistemas de reutilización bien diseñados tienen dificultades para sostenerse.
La conveniencia pesa más que la intención. La reutilización no se prueba en las actitudes, sino en las rutinas. Los sistemas funcionan cuando encajan con la manera en que la gente ya vive, compra y se desplaza. La simplicidad, la proximidad y las soluciones de baja tecnología suelen importar más que una infraestructura sofisticada.
Los sistemas importan más que los productos. Lo que ve el consumidor es solo la parte visible. La reutilización depende del “back end” invisible: logística, lavado, coordinación e infraestructura compartida. Sin esa columna vertebral, la reutilización sigue siendo frágil y difícil de escalar.
Evitar falsas soluciones. Sustituir un material desechable por otro crea una apariencia de avance sin cambiar el sistema de fondo. La reutilización exige un cambio estructural, no una sustitución cosmética.
El contexto no se puede copiar. Los principios de la reutilización pueden viajar. Los sistemas, no. Las políticas y los modelos que ignoran las condiciones locales, los costes y las realidades sociales casi siempre fracasan. La ambición debe ir acompañada de un diseño contextual.
Reflexión personal y conclusión
Lo que me quedó tras el seminario web es tanto la magnitud de la oportunidad como la claridad de lo que se necesita para avanzar. Ya existe un conocimiento global amplio sobre sistemas retornables, depósitos y reutilización. No necesitamos reinventar la rueda. Lo que sí necesitamos es escuchar con atención, comprender qué ha funcionado y adaptar esas lecciones a las realidades sociales, económicas y logísticas locales.
Al mismo tiempo, la conversación dejó claro que la reutilización no puede plantearse solo como una solución ambiental. Para que los sistemas de reutilización sean viables y justos, también deben funcionar social y económicamente. Deben tener sentido para los hogares, para las pequeñas y medianas empresas, para los operadores y los inversores, pero también para las personas que ya forman parte de los sistemas actuales de residuos y recursos.
Varios ponentes destacaron la importancia de la inclusión y del co-diseño. Esto abre una conversación esencial que merece mucha más atención en adelante: cómo interactúan la reutilización y los sistemas de depósito con los trabajadores de residuos existentes, tanto informales como formales, incluidos los recicladores de base. Cómo los nuevos sistemas pueden crear oportunidades en lugar de desplazamiento. Cómo se redistribuyen el valor, el trabajo y la responsabilidad cuando los materiales dejan de convertirse en residuos y pasan a ser activos que circulan.
Estas preguntas no son secundarias. Están en el corazón de si los sistemas de reutilización serán aceptados, escalados y sostenidos. Si queremos cerrar verdaderamente el ciclo, la reutilización debe diseñarse como un sistema con el que la gente pueda convivir, en el que las empresas puedan invertir, que las comunidades puedan moldear y del que los trabajadores puedan formar parte. El conocimiento ya existe. La tarea ahora es seguir conectándolo y convertirlo en acción.
